Marchas de noviembre. Duelos de poder personal y geopolítico

Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Reyes

 

El inquilino del Palacio Nacional es un político experimentado, es un hombre de poder.  

Entiende de manera natural el fenómeno del poder, ha educado con paciencia y detenimiento su pensamiento político.

Quienes expresan sin profundidad opiniones fáciles que solo buscan descalificar u ofender su praxis y estrategias, se auto engañan.

Justamente su medio afín, la arena en dónde mejor se desplaza como luchador social, es la calle.

La derecha lo invitó a desenvainar espadas en la calle.  Con aquélla, los liberales mostraron ahí un episodio claro de movilización, fuerza y desenvolvimiento.

Si para la democracia mexicana la expresión activa de una parte de la sociedad es plausible, son lamentables aunque inevitables los argumentos falaces que sustentan la disputa de los asuntos públicos.

En la iniciativa de ley no se lee desaparecer el INE, pero uno de los relatos que movilizó a la gente y encendió la marcha “el INE no se toca”, fue el más eficaz.

Una colega experta en temas de demoscopía electoral tiene razón: independientemente de los méritos que se le den o no a la reforma electoral que impulsa el Presidente AMLO, en sus palabras nos ha expresado “¿qué tanto puede uno estar en contra de que se tomen medidas contra tanto despilfarro entre unos cuantos?”.

El debate más profundo, el análisis jurídico más riguroso, habrá de darse en la casa de las leyes, en el Congreso de la Unión.

También ahí la victoria será para los liberales, debido a la conformación actual del Congreso mexicano.

En nuestra democracia el tamaño de la representación la otorga el resultado electoral. Desde el 2018 y en el 2021 la disposición mayoritaria es clara, luego entonces, el escenario más idóneo para reflexionar las normativas novedosas propuestas por el Ejecutivo federal es el Congreso.

El fenómeno destacable es que la izquierda mexicana en la Ciudad de México se aleja cada vez más del ánimo de las clases medias; la política pública y la comunicación política del gobierno de la ciudad se separan del sentir y de las necesidades de amplias franjas de ciudadanos de clases alta y media.

Tal vez por ello el Presidente ha reaccionado con una posición de no abdicación, de una reacción natural de confrontación política, viéndose sorprendido en el territorio que asumió sólo de sus dominios.

Reacciona entonces con la dialéctica de marchas y movilización nacional, dado que el PAN y la coalición opositora partidista busca rehabilitarse como adversaria estratégica, y está logrando prender el imaginario nacional de una oposición firme a MORENA.

Ello supone que se detiene de golpe el oleaje electoral ganador de MORENA y sobre todo, que las y los electores inconformes con el Presidente -su estilo de gobernar, proyecto y el desempeño de su gobierno-, ven en adversarios de MORENA, una opción real de alternancia en los estados y en la capital.

Vuelve así el factor incertidumbre para su movimiento/partido en la disputa por las gubernaturas del Edomex y Coahuila, y evidencia que la Ciudad de México y la Jefa de Gobierno, está poniendo en riesgo una decisión favorable del Presidente en la caldera sucesoria para definir candidata presidencial, y a su vez, el que la capital puede profundizar su posición frágil y como enjambre de derrotas anti MORENA en 2024.

Los cambios operados por el Presidente para fortalecer a Claudia Sheinbaum en la capital del país, están siendo vulnerados.

Él entonces tomará la batuta directamente y operará sin consideraciones el nuevo tablero de ajedrez de las movilizaciones, a riesgo de machacar el desgaste de su gobierno, en el periodo final de su mandato.

Sí, ahora la polarización se reaviva en las calles, como nuevo espacio de duelo simbólico de espejos y de poder, con una desventaja táctica para el Presidente: a 4 años de su Presidencia, su partido/movimiento tiene que demostrar que se moviliza y se mueve sólo y en torno a él.

Nos recuerda mucho ésto -guardadas las proporciones con el modelo, experiencia y trayectoria electoral del personaje respecto del sistema estadounidense-, la gran estela popular de la campaña de Barak Obama, cuyo movimiento y encanto político se apagó y se desgastó, avanzada su Presidencia.

Sólo que el camino se vuelve sinuoso e incierto más para unos que para otros, enfrascados en la entraña de la polarización.

Han sido elocuentes las tesis de Jeremy Heimans y Henry Timms en su texto New Power. How anyone can persuade, mobilize, and succeed in our chaotic, connected age:

“El viejo poder funciona como una moneda. Está en manos de una persona o de unos pocos. Una vez obtenido, se guarda celosamente y los poderosos tienen una reserva sustancial para gastar. Es cerrado, inaccesible y dirigido por un puñado de líderes. Descarga y captura. El nuevo poder opera de manera diferente, como una corriente. Está hecho por muchos, es abierto, participativo y dirigido por pares. Sube y distribuye. Al igual que el agua o la electricidad, es más contundente cuanto surge. El objetivo del nuevo poder no es atesorarlo, sino canalizarlo”.

Si bien las marchas no implican transferencia de votos, la disputa por la captura y exhibición de las movilizaciones masivas en las calles como eslabón de capital político, puede conllevar un nuevo modelo de lucha de poder y de efectos de poder, de estrategias y campañas políticas, en torno al que se profundice -sí, no seamos inocentes de que lo superaremos pronto-, el ciclo de narrativas y convicciones más arraigadas de la consabida y renovada lucha tribal/mediática de élites y adversarios.

Por ahora, el avance, el resultado positivo de estos fenómenos de movilización para la democracia mexicana es innegable, todas y todos tienen el derecho a expresarse y lo ejercen, y ahora las energías cívicas del país también encontrarán nuevos hilos de desfogue político emocional.

¿Quiénes lograrán capturar esta energía de poder cívico y de nuevos poderes que tienen voz, agenda y capacidad de movilización?

Así lo manifiesta vivamente la ciudadanía de la capital del país. Estaremos atentos a si éste fenómeno tiene su efecto espejo en el interior de la República.

Finalmente, a pesar de lo anterior, la Presidencia de AMLO está ahora ante un adversario más temible que la capacidad de movilización de los adversarios en México.

Se trata de los conservadores estadounidenses que tienen una agenda hostil contra el gobierno mexicano y que se han hecho del control del Senado de EUA. Ahí deberá enfocar sus alertas. Nuestra geopolítica pesará tanto o más que el canto electoral de las calles.

Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).

Juan Carlos Reyes Torres es Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana, con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la UNAM y profesor de Teoría del Estado-

Coautores de Para entender la 4 (2019), con el sello editorial de Stonehenge México.

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