José Juan Marín


La Morelia de hoy sigue siendo una ciudad colonial y Señorial, emparentada con sus grandes tradiciones históricas, pero sin renunciar por ello a ser una gran ciudad.

Decía Julien Green, » Uno conoce de verdad una ciudad cuando ha amado y sufrido en ella, cuando cada esquina trae el recuerdo de una esperanza, o de un júbilo «.

Ser caminante y peregrino irredento de esta ciudad, y creo que no hay placer más grande que atravesar calles sencillas y dignas, donde todavía quedan islas de armonía para algunos bienaventurados.

Pero ese placer a veces se troca en dolor ante la pobreza o la fealdad, o la violencia que desgarra inmisericorde la piel sensible de la ciudad.

Morelia: creciste sin lógica ni medida, te expandiste con voracidad y desmesura.

Pero tienes todavía la luz más bella del mundo, la luz de cada mañana y cada atardecer, que va lentamente acariciando las montañas y cerros que la rodean, como dioses tutelares.

Morelia no debe dejar de ser la ciudad de “párpados rosados” que cantó en sus versos el Poeta Pablo Neruda, pero, al mismo tiempo, en aspirar a ser la “ciudad grande y con voluntad de vuelo” que perfiló en sus letras el poeta Octavio Paz.

El próximo 18 de mayo será el 484 aniversario de nuestra ciudad, debemos recordar nuestra historia, la huella que dejamos, reconocer en ella lo que fuimos y lo que somos para posicionarnos frente al futuro, porque sólo incorporando nuestro pasado como huella de vida, podemos delinear de manera clara el recorrido que necesitamos emprender.

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