Tranquilino González Gómez

 

El sonido perfecto que esconde la tarde

es la palabra del silencio que guarda el amor.

 

Describo la belleza desde los ojos con que miras

el cuerpo de un mundo que florece en el asombro.

 

El sufrimiento inspira los cánticos secretos

que se desesperan por la ausencia que dejaste en mis labios.

 

Vuelvo al origen del alma que me dieron

los creadores de esta realidad de sueños eternos.

 

Las noches consumen los pecados de los días

trituran los desperfectos para darles voz al amanecer.

 

Poesía belleza eternal de la alegría

de saberte vivo en el desapego de las silabas que nombras.

 

La grandeza del cielo que se cobija con estrellas

es Iluminar la obscuridad de las sombras del tiempo.

 

En los sinónimos nombro las oraciones de una biblia

más parecida a un Dante con todos sus infiernos vivos.

 

La métrica me provoca escribir círculos con el compás

de una escuadra que no sabe leer la infinitud de un atardecer.

 

Me basta la mirada para aprisionarte en los versos que te escribo

sin miedo a perderte, por que escribí en tu cuerpo mis memorias.

 

La poesía es cómplice de los secretos que tienen estas palabras

con el ritmo de una canción que dice la emoción de ser terrestre.  

 

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