Por una vida de la niñez permanente

Yunn Estrada

Hace muchos, medianos y pocos años, todos y cada uno de nosotros fuimos niños, es por ello que todos vivimos infancias diversas. Algunos tuvieron el placer de poder salir a la calle, corrieron libremente, gritaban, etcétera, algunos otros, ya tenían que gritarse ¡Aguas, aguas! Al ver un carro, y las infancias más cercanas ya no contamos con el placer de conocer las calles, sin embargo, las nuevas generaciones conocen las calles a través de la televisión o los celulares, pero ¿a qué voy escribiendo para adultos sobre la niñez?

Hace poco se comenzó a hablar sobre el respeto a las infancias, un respeto que muchos no sabíamos que existía, puesto que el adultocentrismo se apoderó de nosotros, logrando con ello limitar a los niños a ser lo que son… NIÑOS.

Los niños gritan, corren, se ensucian, son creativos, curiosos, cuestionan casi todo lo que les rodea. Recuérdense todos ustedes como éramos de niños, la inocencia, el amor hacia los demás, los juegos… toda la belleza que tenía consigo el ser niños.

¿Por qué ahora queremos que sean callados y sumisos? Será acaso que la vida laboral, el capitalismo y la vida tan agitada nos lleva a querer evitar que los niños sean los que son, convirtiéndolos en zombis, zombis esclavos de la televisión, el celular para que guarden silencio, o también los obligamos a ser pequeños adultos, festejando con ello el tan aclamado “es muy adulto para su edad”.

Las infancias se respetan, se dejan vivir y disfrutar como la mayoría de nosotros lo hicimos en su momento.

Es por esto que los invito a todos a una pequeña introspección.

Todos seguimos teniendo un niño dentro, un niño que quizá se sienta orgulloso, feliz, frustrado, enojado o triste; nosotros como adultos tenemos también que festejar a nuestro niño interno, debemos abrazarlo y cuidarlo para poder así valorarnos más nosotros, llevando desde el interior el amor a los demás niños.

No antepongamos nuestro adultocentrismo, recordemos que los niños son reflejo de nosotros, de la educación que les brindamos, y no, no hablo de la educación institucional, más bien tiene todo que ver con lo que enseñamos, el ejemplo.

¡Protejamos a nuestros niños internos para poder ser empáticos con las infancias que hoy están presentes ante nosotros, cuidamos a los que se nos acercan en la vida diaria!

Los niños no merecen el odio del adulto solo por tener proyecciones de la falta que nos hizo la protección de nuestros padres, por no auto cuidarnos llevando con ello a dejar a nuestro niño interno olvidado y frustrado.

Vamos por un día de la niñez, un día de la niñez interior, una infancia bien cuidada y protegida para seguir educando a una generación del ahora y del porvenir.

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