QUEMAMOS LOS POEMAS HUNDIMOS LAS NAVES DE REGRESO
Lugupe El Palabrero
Un nuevo comienzo, noche que se expande
agolpa entre los resquicios
sonoros del río que canta
Macario Ramos Chávez
Te sentiste poeta de adeveras
pero sólo eras ramera de las palabras
bailarina exótica, de frases callejeras
dabas tu texto y sexo a cualquier verso
en el suburbio de tu lengua
Donabas tu pensamiento desnudo
a cualquier hora
cuando fornican las estrellas
Poeta facilita de ternura
creador de delirios ajenos
suicida, inconforme con la vida
como la inocente Alejandra Pizarnit
Viuda del destino, amante fiel
de la muerte prematura
adorabas los versos de Cortazar
cuando se vieron el Paris
Tú misma cavaste la tumba
para enterrar las desilusiones
ni Beethoven tuvo tantas ganas de morir
A pesar de su sordera
menos el cuadripléjico
de la teoría del todo
que movía con extensiones
su lengua científica certera
Quemaste tus poemas rápido
antes que descubrieran tal debilidad
divulgando la parte oscura
de tu mente que se agusanaba
qué más da ser auténtico, sin tapujos
sin sonrisas bien fingidas
Rompiste las hojas del tiempo
donde apuntabas tus delirios
tu suave sencillez de las palabras
me da nostalgia recordarte
cuando rasguñabas la vida pasajera
Tus poemas, no sufrieron tanta desdicha
ni se suicidaron aquella noche
cuando te casaste con la muerte
ellos todavía respiran la fama
que nunca saboreaste
por soberbia y terca
A veces es necesario con vivir
con la desgracia, torear la
suerte amansar la soledad tan pegajosa
domar a los demonios y fantasmas
Dormir con el enemigo
tragarse la lumbre del desprecio
besar con cariño al futuro
acariciar el presente continuo
dejarte llevar por la suerte
Yo que también quemé mis poemas
aquellos que decían, que me odiaban
remendé los deseos por si acaso los utilizaba
para mi imaginaria
No es fácil edificar la dicha
entre tantos múltiples escombros
golpes bajos, empujones y remiendos
nosotros mismos hundimos el barco
que nos llevaría al otro lado
del sublime poema
Morelia Michoacán
Abril 2024

