Por: Neftalí Coria


La fotografía tiene en Sebastião Salgado uno de los más altos testigos de nuestra historia reciente con su obra, y también en esta obra inmensa, podemos ver la violencia en la que ha vivido la humanidad y las huellas de la crueldad entre semejantes que a cada día está latente en el mundo. Sebastião Salgado ha sido uno de los fotógrafos que más ha mostrado la realidad de nuestra historia reciente, y en su interpretación, también está la denuncia de la infamia y la crueldad de la que el poder en el mundo ha cometido y nos ha ocultado, haciéndonos creer que solo hay que mirar el desarrollo y los logros de la modernidad en su carrera tecnológica y armamentista.

Su fotografía, en algunas de sus etapas, nos ha enseñado al mundo la fragilidad de la vida y lo violento que es el ser humano y la naturaleza con los desprotegidos.

Nos muestra la pobreza y al respecto, afirmó hace días en México: “He fotografiado la belleza de los pobres, porque son gente digna”. Y a propósito de su visita a México –razón por la que escribo sobre tan destacado fotógrafo brasileño– es por motivos de la presencia de su exposición “Amazonia”, en la que trata la historia de esa región, y la describe como un “paraíso en peligro”. Muestra que se abrió este 3 de febrero en el Museo de Antropología e Historia de la capital mexicana. Por ningún motivo, puedo dejar de verla.

Descubrí la fotografía de Sebastião Salgado en Madrid allá por el 2008, y esa noche de pesadillas justicieras, nunca la he olvidado. Había tenido un encuentro con una obra tan estremecedora que pocas veces –al igual que la obra de Goya– me inquietó hasta el llanto y los sueños duros de aquello que había visto horas antes. Y es que apenas podía creer que aquellas imágenes vinieran de una realidad cercana, porque así la sentí. Eran hombres y mujeres y niños de mi tiempo, que ya no eran sino una imagen del final de su vida.

“Todos deben ver estas imágenes”, ha dicho categóricamente el fotógrafo en la película The salt of the earth, que hiciera el director Win Wenders sobre la obra de Salgado y donde el propio artista, explica cómo fue la manera de crearla y el precio emocional que pagó al ver aquello que fotografiaba. “Todos deben ver estas imágenes”. Y lo ha dicho cuando estamos frente a las carreteras de algunos lugares de Africa en las que vemos una multitud de muertos a orillas de las carreteras. Lo dice cuando en la pantalla se ven las escenas, resultado de las matanzas más atroces en donde los sobrevivientes entierran los cadáveres con un trascabo caterpillar, arrojándolos a fosas donde ya no son nada, ni nadie. Todos las deben ver, en eso estoy de acuerdo. Duele mucho verlas, lastiman sobre todo las de Africa, Yugoslavia, Kuwait, entre otros países en los que documentó la miseria que provocan los poderosos y su crueldad, como lo vemos hoy con las amenazas del que quiere mandar en el mundo desde la casa blanca. No está por demás observar la brutalidad en las redadas de los deportados y tachados como criminales.

En esa etapa de su obra, a la que me refiero, también se puede ver el éxodo de los expulsados que huyen en las más tristes y deprimentes condiciones mientras caminan por los caminos de la necesaria huída.

No olvido una de las fotos de esta etapa, donde un niño junto a su perro, tienen frente a sí, el desierto como destino de viaje y el vacío de la distancia que se yergue ante su cuerpo desnutrido, pero aun así, y semidesnudo, mira con la esperanza de llegar a donde sabe que irá. Lo inquietante de la imagen es que, esa postura que tienen el niño y el perro es de esperanza, y es la fe por llegar. Y sí, debemos ver esas imágenes que Salgado vio de cerca, para comprobar la crueldad humana que va contra los desprotegidos, desde el poder, la ambición y esa locura que provoca el dinero.

La violencia es histórica y viene desde muy lejos en el tiempo, sin que nada ni nadie, hayan podido detenerla. El ser humano, es la especie más violenta de la tierra y su violencia va contra sí mismo, contra sus semejantes y contra las cosas de la naturaleza que lo rodean. Y sin el mayor cuidado y humanismo, el ser humano se ha convertido en un depredador y destructor del aire, los bosques, las montañas y la población misma.

La violencia es inherente al hombre y las fotografías de Sebastião Salgado –en una gran parte de la obra– de eso nos hablan, y dan cuenta de la manera en que la sugerencia tajante, denuncia a los depredadores del mundo y a la naturaleza humana y ambiental. Denuncia el asesinato del mundo y su depredación, aunque desde el poder se hagan los sordos y ciegos haciéndonos creer, que la civilización y el progreso lo son todo.

Sin embargo, hay personas como Sebastião Salgado y su esposa Lélia Wanick, que en brasil –en las cercanías de donde tienen su casa– han reforestado con tres millones cuatrocientos mil árboles y han transformado ese entorno con el regreso de más de cien especies de pájaros, monos y más especies que se habían ido de ahí ante la depredación.

Y ahora trae a México, bajo la comisaría de Lélia, esta numerosa muestra, después de haberla mostrado en París, Madrid, entre otras ciudades, Amazonia, fotografías-producto de los últimos años en los que registró las imágenes de este paraíso que significa, una de las regiones más hermosas del mundo con sus tribus que la pueblan.

Sebastião Salgado, es un ejemplo del humanismo y de la lucha por detener a los asesinos del mundo. y me pregunto: ¿Son suficientes las imágenes? ¡Deberían serlo!

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