Por: Josefina Morales Zaragoza
El domingo 10 de abril de 1531, llegaron a Taximaroa los primeros religiosos franciscanos. Procedieron a derribar el adoratorio indígena o Cú y a levantar en su lugar una Cruz de madera y una modesta construcción de adobe que serviría para varios usos, mientras bajo la dirección de los religiosos, los indígenas construyeron lo que hoy en día aún podemos apreciar el Templo, el Convento y el Hospital.
Una vez construido llevó el nombre de Templo de San Francisco Taximaroa, pues fue construido por franciscanos, en el siglo XVI, entre los años de 1531 y 1550, obedeciendo las políticas de “Congregación de Indios” establecidos por la Corona Española, con un estilo arquitectónico propio del siglo XIII y XIV; el estilo Toscano, una de las variaciones Románticas, propias del sur de Italia.
Su principal característica es la monumentalidad, la bóveda de cañón, los altos y gruesos muros de piedra, los contra fuertes que soportan los empujes laterales de la bóveda, estructurada por grandes arcos de medio punto, sin columnas de apoyo ni bóveda especial Todo esto edificado casi exclusivamente con piedra y madera.
Debido a que no contaban con mano de obra especializada, este estilo fue ideal, para el año 1550 el Templo, el Convento y el Hospital, estaban terminados, un trabajo de casi 19 años, en donde un grupo de clérigos franciscanos consiguió levantar una ciudad de sus cenizas, organizarla, enseñar un idioma, y edificar las principales construcciones, que hoy después de 460 años sigue en pie.
La fachada del Templo ha sufrido varias modificaciones, durante el año de 1890 se colocó el primer reloj parroquial, durante los años 1960 a 1981 otras modificaciones con almenas y una cruz de cantera al centro.
El estilo y aspecto que lucía en el año de 1938, sobre su aspecto original que correspondía al estilo clásico plateresco, palo liso y encalado, un rosetón gótico al centro y un remate superior de curvas y que posteriormente se descubriría la cantera, sustituyendo el rosetón gótico por una ventana bizantina, y el elegante remate de curvas fue cambiado por las almenas que luce hoy en día, así como la cruz que remata al centro y arriba del reloj.
El convento de San José, es un ejemplo de espacios místicos, que a través de la luz y sombra crean el ambiente ideal para la meditación. Arcos góticos redondeados que poco se construían en esa época.
El interior del Templo tiene una nave principal que mide 18 metros de altura en su bóveda, 45.20 metros de largo y 9.75 metros de ancho. Su altar está dedicado a San José, y ha sufrido también varias modificaciones, antes tenía columnas corintias con doseles cortados, se removió el altar, púlpito y comulgatorio y se cubrió con pintura blanca el decorado de frisos arabescos que había en los muros, así como el retiro de los bastidores de los doce apóstoles.
Actualmente tiene cuatro columnas dóricas, dos de cada lado y un remate con esculturas de la Santísima Trinidad, Se recuperó un poco el decorado de las paredes y los doce bastidores de los apóstoles se colocaron en los pasillos del convento después de su restauración.
La nave lateral alberga la Capilla expiatoria, construida en el año de 1938, por el sr. Cura José Cianca, cuenta con 8.70 metros de fondo y 18.50 metros de largo, se observa un juego de arquerías. El altar está dedicado a la Virgen de Guadalupe y a la exposición del Santísimo.
En el año de 1930, se adquirió el Órgano, que fue traído desde Italia. Estando a cargo de la Parroquia de San José el señor Cura Fabián Marines, llegó al Puerto de Veracruz, y se encontraron con algunas situaciones inesperadas por lo cual se nombró una comisión para traerlo a Taximaroa. Una mañana del mismo año, en la ahora desaparecida estación de Ferrocarril Chaparro, ubicada entonces en la calle Cuauhtémoc, acudieron a recoger el preciado instrumento una gran multitud que lo recibió con música de viento.
Don Vicente Ortiz Carrillo, músico de gran prestigio, fue el encargado de su traslado y de su armado: un bello instrumento Tamburini.
Su Pila Bautismal, tiene en su historia mucho de leyenda y magia. Sin embargo, se recoge en la historia la siguiente crónica en donde el P. Antonio de Ciudad Real, cronista del viaje del P. Ponce, visitador comisionado entre los años de 1584 y 1589, arriba a Taximaroa el día 11 de octubre de 1584 y se refiere así de la Pila: “En la plaza de Tlaximaloyan hay una fuente muy vistosa de buen agua, labrada en piedra con mucha curiosidad”.
Posteriormente trasladada al interior del templo, tallándose entonces ángeles y demonios, así como letras del alfabeto, en conjuntos sin llegar a formar palabras, y que según la tradición oral sirvió para alfabetizar.
Es una pieza extraordinaria por sus características: realizada en una sola pieza, tiene forma circular como un tazón compacto labrado en piedra volcánica tiene una altura de 0.97 cm, 2 metros de diámetro y un peso aproximado de 5 a 6 toneladas.
Surgen dos hipótesis sobre si la pila es una obra colonial o precortesiana. O si siendo precortesiana sufrió modificaciones, a la llegada de los franciscanos que la adecuaron a sus necesidades sin que el tazón monolítico dejará de ser importantes para los naturales del lugar.
Y se refuerza la última hipótesis, ya que de los elementos labrados los ángeles, demonios y leones no eran conocidos en la teología indígena, como tampoco las letras, seguramente también borrando cualquier adorno que la voluminosa taza contenía antes de la llegada de los franciscanos.
