Por: Josefina Morales Zaragoza

El portal que da acceso al corredor principal, es de influencia bizantina y está debidamente documentada como pieza de extraordinaria belleza en el libro Arte Virreinal en Michoacán, del autor Manuel González Galván quien menciona textualmente: “el cerramiento de la portada, con apenas insinuado arco conopial, dan un toque gotizante a este rincón de la portería del viejo convento”.

El Atrio, en un inicio fue el huerto del convento, posteriormente de acuerdo a las necesidades fue también el Campo Santo (a través de los años resultó insuficiente y fue cambiado de lugar, además que en el año de 1859 por decreto se quitaba la administración de cementerios a los Templos.

En el año de 1867 el camposanto se trasladó al terreno en donde actualmente se encuentra la Plaza Relicario y luego a un terreno en Tierras Coloradas y luego a la avenida Juárez. Tiene una superficie de poco más de media hectárea.

El Atrio contaba con dos foros uno ubicado a la derecha y el otro a la izquierda. En el atrio se realizan diferentes actividades de la vida católica como representaciones de la Pasión de Cristo, Pastorelas, Jueves de Corpus, etc.

Su Cruz Atrial también fue erigida simultáneamente con el Templo y el Convento, es la mezcla de dos religiones, también conocido como sincretismo religioso, en donde se fusionan dos Dioses, el Dios católico representado en la Cruz y su corazón representado en el disco de Obsidiana; y el Dios indígena Texcatlipoca representado también en el disco de Obsidiana.

La cruz atrial del Templo de San José, se cuenta entre las dos que en el estado de Michoacán existen en su tipo; la localizada en San Felipe los Alzati, Zitácuaro, con su tema iconográfico del disco de obsidiana, colocado en el equiángulo de la cruz, hace referencia al corazón de Cristo.

La razón de que existan en los Atrios de los Templos, una o dos cruces atriales, se explica en la carta del 27 de agosto de 1529, en donde Fr. Juan de Zumárraga pide al emperador Carlos V, ordene a los españoles residentes en la Nueva España, se construyan iglesias en cada pueblo y cerca de la iglesia una cruz grande y elevada (Las Cruces Atriales, José Moreno Villa).

Durante el mes de julio, y aproximadamente al mediodía, el reflejo del sol da sobre el disco de obsidiana, lo cual crea un efecto místico que se aprecia más el día 8 del mismo mes.

En el 2010 fueron retirados algunos árboles añejos del atrio y fue inquietud de varios ciudadanos el rescate de este espacio, así como la restauración del Templo. En el 2014 se dio inicio a la primera etapa, la colocación del piso de piedra pórfida (sangre de pichón) del Proyecto del Patronato Pro-Construcción del atrio de la parroquia de San José y concluyó en el año 2016. También en este mismo año se esperaba el dictamen del INAH dando a conocer el proyecto aprobado, en donde se intervendría en dos etapas más el mejoramiento y realce a la Cruz Atrial, también en este mismo año se presenta el proyecto del diseño del enrejado de la barda perimetral.

En el 2018 podemos apreciar la restauración que se realizó en todo el atrio a través de donativos de bienhechores que han apoyado decididamente este Proyecto, y con el invaluable apoyo del Patronato Pro-Construcción del atrio de la Parroquia de San José, concluyéndose la etapa dos que se refiere a la barda perimetral.

En el año 2019, se dio inicio a la etapa 3, que se refiere a la iluminación, un proyecto que fue presentado desde el 2017 al INAH Michoacán, en donde se autorizó el diseño de iluminación escénica, considerando el total del conjunto arquitectónico de la Parroquia de San José Taximaroa, integrando así la arquitectura del mismo y su historia.

Esta construcción es un ejemplo de la arquitectura religiosa realizada durante los siglos XVI – XVII, con antecedentes históricos, características arquitectónicas, y un contexto social y de investigación que requiere el cuidado, restauración, y mantenimiento periódico para garantizar su conservación.

Los historiadores y cronistas que han investigado sobre este tema y de quienes es el mérito, son respectivamente: la Profra. Martha Elva Durán Valdovinos; Cronista Honoraria del Consejo de la Crónica del Municipio de Hidalgo; la Dra. Gema Marín Peña (+), el Profesor Roberto López Maya, el Historiador Dr. Ramón Alonso Pérez Escutia, el Antropólogo José Carmen Soto Correa, José Moreno Villa y Manuel González Galván, de ellos proviene la información contenida en este breve texto. A ellos siempre nuestro reconocimiento y gratitud.

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