Vivir la primera guerra global del siglo XXI

Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Reyes

Columnistas nacionales del periódico “El Universal”

“La guerra es un camaleón”
-Wolfgang Sofsky
Estamos ante un conflicto que nació como una guerra clásica, neo colonial, que parece de otra época, que busca anexarse un territorio de otra nación, aunque a su vez ha evolucionado con una lógica de devastación de poblaciones civiles inermes.

Su duración se prolonga y la configura como la primera guerra del mundo global del siglo XXI.

Ucrania, es el nuevo escenario atroz de la descivilización, de una crueldad masiva e indiscriminada contra personas inocentes y el destino de una nación que, en idioma, historia e identidad están enraizadas con la de sus propios agresores soviéticos, e irónicamente, apostó por un destino de vida pro occidental.

45 países de Occidente, aducen que la guerra ruso-ucraniana está consumando un nuevo genocidio, activando las investigaciones y enjuiciamientos para documentar posibles crímenes de guerra ante la Corte Penal Internacional (CPI).

En esa pauta de compromiso suscrita en julio de 2022, destacan las firmas de Gran Bretaña, Canadá, México, Australia, Estados Unidos de América y Los Países Bajos, por lo que los peritajes forenses y las fiscalías de justicia ucranianas, tendrán una labor clave para sustentarlo.

El panorama es sombrío. La Corte Penal Internacional no tiene jurisdicción sobre Ucrania y Rusia, por lo que no es claro si podrá aplicarse la potestad y la extraterritorialidad de la CPI.

El presidente ucraniano Zelensky, incluso, ha oscilado en llamarle actos de genocidio o de terrorismo. Ucrania sostiene que miles de civiles han muerto. Rusia niega su responsabilidad.

“¿Por qué no viste cuándo todo te prepara para ver?”.

Él se reclama a sí mismo de Audoin-Rouzeau -historiador clásico de la Primera Guerra Mundial-, por no haber conocido a tiempo y por su insensibilidad para advertir el recrudecimiento de la violencia a fines del siglo XX, refiriéndose al genocidio que se perpetuó contra la población Tutsi de Ruanda, en abril de 1994.

“Y si lo vemos ¿qué podemos hacer al respecto? ¿Qué debemos hacer al respecto?” nos insiste Audoin-Rouzeau.

Jean Pierre Chrétien, historiador del genocidio de la población africana en comento, varios meses antes, en 1993, alertó a la opinión internacional: antes y durante la masacre.

Antes y durante el genocidio, siempre en el desierto.

Y todo ello, a pesar de la debilidad consabida de las capacidades predictivas de las ciencias sociales y las de la propia disciplina de la historia.

Audoin insiste en que participar de la vergüenza social y en las propias investigaciones para que se vean los hechos de oprobio y de matanza masiva, es un escudo cívico y ético útil.

Así, ningún país del orbe está quedando fuera de sus efectos, y se ha empezado a pagar progresivamente en los hogares, el precio mundial de estar inmersos en un proceso de interdependencia económica, financiera, energética y alimentaria.

Ante la inaceptable posición de V. Putin sobre la invasión y la amenaza de activar el uso armas nucleares, la heroica resistencia política y civil de Ucrania, y en torno a ella, las alianzas de países occidentales sobre todo, han buscado que no se escale la confrontación militar fuera de la zona del conflicto, y en paralelo, se excluya a Rusia de la globalización, relegando su posición a una especie de país paria mundial.

En cuatro coordenadas recuperaremos en este breve espacio lo que se dirime en Ucrania para el mundo de hoy:

A nivel psicopolítico.

El ex líder de la KGB es un gobernante profundamente enigmático, dominado por resentimientos históricos, que ha cultivado una
imagen mística en torno a su liderazgo y que conoce las tácticas de actuación de las potencias hegemónicas actuales.

A pesar de ello, quedó exhibida su valoración subestimada de la fuerza militar, del liderazgo político de Zelensky y de la capacidad de resistencia civil ucraniana.

Para V. Putin, el colapso de la posición rusa en Europa a partir de 1989, fue un desastre estratégico para su nación.

Es parte de su obsesión el empeñarse a fondo hasta obtener, vía Ucrania, un reconocimiento internacional a su status de potencia mundial o de reivindicación histórica por las humillaciones que Occidente consumó sobre su patria.

El presidente Ucraniano V. Zelensky ha mantenido abierta siempre tanto su capacidad política y militar de su resistencia patriótica, como el que pueda concluir el conflicto por la vía diplomática.

A nivel militar.

Dos universos grupales nucleares, libran una guerra convencional e inédita, por el nivel avanzado de la tecnología comercial y la más sofisticada en desarrollo bélico, en el territorio de una tercera nación, con el patrocinio militar y económico preeminente de la potencia mundial estadounidense y países europeos.

Serán meses importantes lo que restan del año para Rusia y Ucrania, ante una guerra de desgaste/resistencia en diversos frentes, el moral, el tecnológico militar, el territorial, en el de la integración y universo de sus infanterías, la eficacia de ofensivas y contraofensivas por aprovisionamiento de artillería sofisticada, la sobrevivencia/nivel de entrenamiento y capacidad de resistencia de sus tropas, comandos y voluntarios efectivos.

A nivel geopolítico.

Ucrania era un punto clave para que el territorio entre Alemania y la frontera rusa no cayera en manos de la OTAN.

Ante la invasión militar rusa, la posible aceptación membresía de Ucrania a la OTAN para lograr tener protección del sistema de defensa militar europea estadounidense, coloca a Putin en una posición más inflexible para prolongar la guerra.

Persistir en ello, sin embargo, puede implicar que el conflicto se extienda a una guerra contra la propia Rusia en su territorio u otras naciones en las fronteras del conflicto actual.

Parece demasiado temprano para pensar en si Rusia podrá construir al término de la guerra una posición estable con la Unión Europea, o si va a quedar supeditada al liderazgo internacional chino.

Por otro lado, una exigencia de Ucrania de restaurar su frontera incluyendo a Crimea y las partes de la Región de Donbas que han sido proclamadas como independientes por Rusia, puede ser vista como una derrota por V. Putin y por lo tanto, como un escenario inadmisible, una derrota y por ende obstáculo para negociar la paz.

A su vez, la prolongación de la guerra puede conllevar que China revise sus prioridades con Rusia; así, una presencia de China de mayor respaldo tácito y estratégico a Rusia, podría elevar el nivel de hostilidad con EUA, escalando los niveles de guerra fuera de Ucrania.

En todo caso, la dinámica geopolítica de la relación entre China, Rusia y los EUA, se mantiene incierta y frágil respecto a cómo acontecen los acontecimientos de la guerra en territorio ucraniano.

El nervio socio económico global de la guerra.

El campo de batalla ruso se extiende más allá de las fronteras ucranianas.

El gas, los cereales y el petróleo, son también armas de negociación valiosas en ésta guerra global, en la que se pueden poner en jaque el futuro de la economía y la resistencia de los rusos, pero también de las sociedades y los electores que respaldan a los gobiernos de las naciones aliadas que respaldan y financian a Ucrania.

Rusia puede bloquear el Mar Negro, con repercusiones drásticas sobre la economía de Ucrania y la economía global, por efecto directo que ello implica en el aumento vertiginoso de los precios de los cereales y el acero.

El cerco monetario y financiero hacia Rusia comienza a dar resultados, pero es lento: Biden parece tener razón en su estrategia pero le resta popularidad interna en la unión americana de cara a los comicios.

Así, las consecuencias de la guerra se prolongan, los liderazgos de las naciones empiezan a mostrar sus divisiones respecto a qué estrategias pueden ser más adecuadas para disuadir a Putin y lograr a corto plazo el fin de la guerra.

En caso de prolongarse la guerra en Ucrania y los efectos de la crisis energética, alimentaria y los niveles de inflación, no
es posible tener certeza alguna sobre cómo evolucionará la posición de la sociedad rusa respecto al liderazgo de Putin.

Ucrania en sí misma es una nación vital en el sistema nervioso de la economía mundial.

Por eso es clave ver cómo evolucionará la guerra y en ello, su crisis económica, ante la caída abrupta de sus ingresos fiscales, la pérdida de ingresos de divisas por las exportaciones de acero y cereales.

Por su lado, Rusia padece ya costos militares al perder varios generales de alto grado.

A su vez, es impredecible si Rusia podrá socavar la moral pública y con ello debilitará la resistencia civil ucraniana, por los ataques incruentos a población civil, o por la disminución sustancial de los apoyos financieros y armamentísticos de países aliados, o por el desgaste de la guerra ante eventuales victorias rusas / la imposibilidad de recuperar en zonas estratégicas y simbólicas muy importantes en Kiev, Kherson, o en las propias ciudades más importantes de la región Donbas.

Asimismo, la tecnología militar y el poderío de la armada americana, sigue conservando hegemonía.

El tiempo de la guerra, su intensidad, crueldad, tragedias y sus entrañas de pánico y horror, se afronta en territorio ucraniano.

Y fuera de esas fronteras, el precio a pagar por gobernantes, sociedades, empresas, familias migrantes y hogares, ya está a la puerta o empieza a resentirse en sus sistemas de vida.

Sí, el futuro se resuelve ahora y la historia de la humanidad sobre las tragedias de las guerras y los genocidios nos regresa las interrogantes:
¿Qué vemos? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer?

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