Días de Guardar II

Tranquilino González Gómez
Esta Semana Santa se siente diferente a las anteriores. Algo cambió en nuestras vidas porque ya valoramos más nuestra salud, se siente la necesidad de estar más cerca de Dios y las relaciones entre nosotros los seres humanos nos exigen mayor capacidad de comprensión y solidaridad ante las difíciles circunstancias que vivimos y que se requieren para salir adelante.
Aprendimos el valor de los alimentos, el saber cuidar más nuestra salud con mejores medidas higiénicas. Las necesidades laborales nos enseñaron el valor de las nuevas tecnologías y a buscar nuevas alternativas que ya muchas de ellas encontraron un espacio en los servicios en línea. La mayor espiritualidad y necesidad de recuperar el valor de la vida, los valores morales al interior de nuestras familias, y la necesidad de organizarnos en colectivos para obtener mejores resultados en pro de nuestras demandas, son otras tantas experiencias que hemos revalorado hoy. Así tenemos más capacidades para leer nuestra realidad.


Sin embargo tenemos aún que construir mejor nuestras vidas al aprender a ser honestos con nosotros mismos, y no pretender ser los jueces para castigar a otros cuando fingimos la verdad, como lo hacen países como nuestros vecinos, que hablan de paz mientras venden armas letales al crimen organizado para crear inseguridad en México y entregan armas súper eficientes a otros países para alentar las guerras, sin reconocer que gran parte de su economía se sustenta en las armas y la explotación de otros pueblos.
La verdad se abre camino entre los montajes y la simulación de medios de comunicación y sus periodistas, que encubren crimines como el de Ayotzinapa. El peor pecado es el de la ignorancia y su complemento, la explotación de los pobres y desprotegidos. Así el principal compromiso de los gobiernos es garantizar nuestra seguridad y ofrecer una real educación y salud de calidad para el pueblo, más que simular y crear las condiciones para explotarlos como negocio personal.


La ciudadanía pareciera estar olvidada por todos aquellos que ejercen el poder. Quienes ostentan o han tenido cargos de elección popular, luchan al interior de sus partidos y luego por los intereses partidarios. Los que ocuparon cargos relevantes en la administración pública son los que hoy más acusan y descalifican a sus opositores, sin reconocer los pobres resultados de sus gobiernos, y otros políticos chapulines, ya saltaron al nuevo partido en el poder, como ha sido su tradición en estos últimos años: muera el rey viva el rey. Las organizaciones ciudadanas y asociaciones de profesionistas, que supuestamente tienen mayores compromisos con el pueblo, sólo velan por sus intereses gremiales, cuando debieran atender más la educación y salud ciudadana. Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Días de guardar para despertar a la conciencia del amor y su complemento la responsabilidad. Días de guardar para comprender que el conocimiento cuando se hace acción constructiva se vuelve sabiduría. Días de guardar para asimilar que la esencia de la vida nace del espíritu que se convierte en pensamientos positivos que construyen los hechos materiales para vivir con dignidad. La espiritualidad es el corazón de la vida, y de las religiones a las que les trasciende. Confundirlas es no tener claridad en este tema.


Las necesidades que tenemos todos para obtener los satisfactores para vivir han sido desviados a través del miedo y la administración de la riqueza para mantener el status que solo beneficia a unas cuantas familias.
Estos días de guardar nos debieran servir para darnos cuenta de que el estado de paz la debemos trabajar desde nuestro interior. Que el amor hacia nosotros mismos es la primera condición para dar a otros lo que si tenemos. Al Cristo crucificado ya debemos bajarlo de la cruz y cambiarlo por el Cristo Rey lleno de luz y sabiduría que renace en esta Nueva Era de fraternidad humana, al impulso del servicio a la vida y de la unidad de los seres humanos, con el respeto a la diversidad de maneras de pensar y actuar, al amparo consciente de nuestro libre albedrio. Que la paz, el amor y la sabiduría sean en todos nosotros.

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