El PLADIEM 2021-2027 y el beneficio de la duda

Mario Ensdástiga Santiago

Por fin se ha dado a conocer el Plan de Desarrollo Integral del Estado de Michoacán 2021-2027 (PLADIEM), documento que a decir verdad esperaba desde hace algunos meses, no desconozco que la obsoleta Ley de Planeación del Estado de Michoacán establece un plazo no mayor de un año para elaborar, aprobar y darlo a conocer a la opinión pública.

De sobra sabemos que un plan de desarrollo del orden de gobierno de que se trate, es prácticamente por definición una “carta de buenas intenciones”, al parecer no podría ser de otra manera, ahí se plasman de manera general las grandes ideas, objetivos y metas a alcanzar a partir de lo que se propone hacer, es por ello que en la inmensa mayoría de los los planes de desarrollo se quedan y limitan al “deber ser”.

El problema viene al operar, instrumentar y llevar a la práctica lo expresado por el plan de desarrollo, es por ello que sostengo que al plan de desarrollo le deben secundar, en un proceso contínuo metodológico, el plan de gobierno y el plan de la gobernanza política; el plan de gobierno es para pasar del deber ser al saber hacer y puede ser, en él se deben contemplar con la mayor claridad y precisión posible, los cómos, los cuándo, los dónde, con quiénes y con cuánto; el plan de la gobernanza política es para generar la viabilidad política necesaria, es decir, abrirle camino a las políticas públicas que plantean el plan de desarrollo y plan de gobierno, y no sean rechazados por falta del consenso previo con los directamente involucrados y comprometidos, en donde se piensan aterrizar las políticas públicas de gobierno.

En resumen, 3 documentos que deben tener un adecuado alineamiento racional, ordenado y congruente del proyecto político, la capacidad de respuesta institucional y la capacidad política, ni más ni menos que el virtuoso “Triángulo de Gobierno”.

No es que no le dé importancia al procesamiento metodológico de la elaboración del PLADIEM y muchos otros planes de desarrollo, sé que se ven limitados y prácticamente obligados a trabajar con metodologías que han acordado los paises más desarrollados, como el Marco Lógico (MML), el Presupuesto Basado en Resultados (PBR) y la Agenda 2030, no estoy en contra de que se utilicen esas metodologías y herramientas de trabajo, en lo que si estoy en total desacuerdo, es que se utilicen a pie juntillas en una lógica tecnócrata.

Tengo claro que el enfoque eurocéntrico y norteamericano desarrollista, que se impulsó en el periodo neoliberal de casi 4 décadas en nuestro país y América Latina, terminó por imponer como único camino para alcanzar el desarrollo de las sociedades modernas y civilizadas, a partir de tener que poner en práctica dichas metodologías, donde lo económico y los intereses político-partidarios subordinan a todas las demás racionalidades como el desarrollo social incluyente, el ordenamiento territorial sustentable, la economía social solidaria, y la igualdad sustantiva, por poner algunos ejemplos prácticos.

En ese contexto, lamentablemente, pese a la insistente narrativa y discursos ideológicos de izquierda, humanitarios y progresistas de la mayoría de los planes de desarrollo, finalmente están sustentados en la práctica por muchas razones endógenas y exógenas a visiones tradicionales y tecnócrtas, cancelando la posibilidad de pensar por “cuenta propia” y “utilizar”  las metodologías y herramientas elaboradas por lógicas del primer mundo, soslayando que somo países y sociedades locales de las periferias  de ese desarrollo, y con una histórica y sistemática estructura mental de que para verdaderamente desarrollarnos, las soluciones deben venir de fuera del norte o del otro lado de gran charco.

Con estos razonamientos y reflexiones a partir de lo que he visto, vivido, hecho y reflexionado por varias décadas en relación a la elaboración de planes de desarrollo, no me ha interesado en esta ocasión investigar cómo fue el proceso metodológico de elaboración del PLADIEM 2021-2027, ya me lo puedo imaginar, me interesa y me preocupa más el proceso de operación, de eso habrá más adelante la oportunidad de conocer, evaluar o sistematizar los resultados y constrarlos con los valores, ideales, objetivos, estrategias, metas e indicadores propuestos.

En efecto hay que dar el beneficio de la duda al nuevo gobierno, encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla, por el bien de Michoacán y de todos; el PLADIEM 2021-2027, en el contexto de esta colaboración, me parece en lo general un documento bien estructurado, 4 ejes verticales y 2 horizontales o transversales; tiene una narrativa claramente vinculada al Nuevo Proyecto de Nación de la 4t y el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, el que por cierto no tiene ejes transversales, no cuenta con una visión municipalista y desarrollo desde lo local; no hay que confundir el desarrollo municipal desde lo local, a partir sólo de la instrumentación en los municipios de los programas federales, y uno que otro de manufactura estatal.

EL PLADIEM tiene un discurso que ha cuidado retomar en lo general los planteamientos progresistas de última generación de muchas temáticas, me parece un documento audaz y ambicioso, mis dudas surjen a partir de que observo que en algunas áreas de gobierno no hay las condiciones materiales y experiencia para llevar adelante, de manera participativa, procesos que impacten y muevan los indicadores a favor, por ejemplo, en lo relativo a el desarrollo y fortalecimiento municipal y llevar adelante todo lo que de fondo implica la igualdad sustantiva.

Otro tema que me deja dudas, es el que por lo general marca con toda nitidez a los gobiernos verdaderamente de izquierda y progresistas, la participación ciudadana sustantiva, reivindico que la planeación del desarrollo es un proceso de fondo tecnopolítico, de la adecuada articulación de distintos saberes técnicos, académicos, populares, culturales, científicos y políticos, no sólo en la definición del plan de desarrollo, sino también en la operación, seguimiento y evaluación de dicho plan, ahí está el meollo de la simple y compleja situación.

El pueblo no debe ser simple destinatario, receptor, beneficiario o cliente de los planes, programas, proyectos y acciones de gobierno, debe ser el sujeto social de los cambios y transformaciones sociales, económicos, ambientales, culturales y políticos, si no hay participación social, consiente y efectiva, no hay ninguna garantía de desarrollo y crecimiento de las condiciones materiales, espirituales de vida de la población y del mejoramiento ambiental del territorio y del mismo gobierno.

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