“Las casas del cargo de las Vírgenes de Guadalupe en los barrios de la comunidad indígena
de San Miguel Charo, Michoacán”
Parte V
Jaqueline Cortés Cortés. Escuela Nacional de Estudios Superiores.
Universidad Nacional Autónoma de México, Unidad Morelia/
Museo Casa Natal de Morelos, Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán.
La festividad del 10 de diciembre más conocida como “fiesta del atole negro”, es la última organizada por los “cargueros salientes”. Desde la madrugada de ese día se hace el atole como ofrenda de agradecimiento a Dios y se comparte con todo el pueblo y aquellos que se acerquen a saludar a la virgen. El atole negro era llamado por los antiguos “reliquia”. Los barrios compiten entre sí haciendo un ritual de cata de sus respectivos atoles encontrándose en un punto intermedio del pueblo para intercambiar ollas y probar unos a otros sus preparados. Todo el día hay fiesta, danzas y oraciones frente a los altares de ambas vírgenes.
En esa misma noche se realiza la ceremonia “de petición de la virgen”, donde la familia que pretende llevarse la imagen a su casa para el siguiente año, hace su solicitud formal con respeto y mucha emotividad, a la familia que en ese momento la resguarda. Durante la ceremonia se encuentran ambos matrimonios de mayordomos (los que entregan y los que reciben), frente al altar donde se ubica la imagen y se dicen palabras solemnes de solicitud y de entrega. En casi todas las ocasiones los “mayordomos salientes” lloran tristemente al tener que entregar a la “Madre de Dios” a sus nuevos caseros: “en los barrios de San Juan y Santiago se pide a la virgen como pedir a una novia”. Ese día 10 de diciembre los mayordomos que piden la imagen llevan a la casa albergante, una ofrenda, un parande (ofrenda), y los caseros en turno los reciben con chocolate, pan y cena.
El día que toman el compromiso los nuevos “caseros o cargueros”, se hacen una serie de rituales: camino a tomar el cargo marchan por las calles del pueblo junto con la gente de su barrio llevando un arco colmado de ofrendas de pan y flores, hacen gala de vítores a la guadalupana, pirotecnia y música.

Al llegar a la casa de los mayordomos hospederos se arrodillan frente al altar para ser coronados con una guirnalda de rosas por parte de los “viejos del barrio” que entrega la imagen. Y postrados prometen rezar el rosario todos los días en su casa, a recibir a los fieles que quieran ir a saludarla y rendirle culto, a cuidar de ella en lo físico, limpiar diario su altar, cambiar sus vestidos (así llaman a los cortinajes para el nicho donde están las guadalupanas), cada semana o cada mes, llevarla a sus compromisos religiosos etc.
El día 11 de diciembre hacen mañanitas y un paseo por el pueblo con una estrella de escarcha para presentar a la comunidad a los nuevos cargueros. Previo a la “fiesta del atole negro”, se realizaron 45 rosarios y una novena que antecede a la fiesta titular del día 12 de diciembre. El cambio de cargueros y la de la imagen de una residencia a otra, debe ser un domingo antes de Navidad. Para el 24 de diciembre la virgen ya tiene que estar en su nueva casa.
Cuando la virgen transita de un barrio a otro, el barrio hospedero realiza una gran fiesta de despedida en la casa del cargo: rezos, ofrendas, arcos florales en su portada, fuegos artificiales, música, danzas, comidas etc. aunque con profundo duelo se prepara para despedir a “su Madre del Cielo”. Finalmente, entregará su venerada imagen al barrio receptor a la mitad de sus territorios. El barrio que la recibe procura hacer una fiesta más grande que su contraparte, en la nueva casa del cargo, fiesta que regularmente se prolonga casi toda la noche.
En el cambio de casa de las imágenes de un barrio a otro, colabora toda la familia tanto nuclear como extensa (familia política y religiosa: compadres, ahijados etc.) de los mayordomos involucrados.
Las casas donde se “hospedan” a estas vírgenes son convertidas en verdaderas capillas domésticas, siendo visitadas a lo largo de todo el año por los feligreses oriundos y visitantes de la villa. Y en estas unidades domésticas se cumple un saturado calendario religioso durante el año que están ahí. Los habitantes de Charo a estas casas las llaman “Casas del Cargo”. Suelen ser áreas principales de las casas (cocheras, salas, cuartos amplios y frontales, patios etc.) en donde se da paso a estos altares profusamente decorados para el culto a las guadalupanas. Ceremonias religiosas, danzas votivas, ofrendas en especie, los exvotos antiguos y contemporáneos son parte de estos espacios y de la vida y la identidad de los charenses.
