Aprender a vivir bien
El Gran Regalo de la Vida
Tranquilino González Gómez
Respiremos conscientes del aire que penetra en nuestros pulmones y nos daremos cuenta de que en los latidos de nuestro corazón se manifiesta la vida. Estar vivos y despertar cada día con el agradecimiento por la oportunidad de estar aquí con quienes compartimos un lugar en el espacio que habitamos.
La vida es el gran enigma de la existencia. La poética de la vida permite que el ser humano se abra a un universo de posibilidades, al percibir la realidad y transformarse y transformarla, conocer y aprender a vivir, entender los contrastes de una dualidad necesaria para saber ubicarnos, en este espacio y tiempo, es parte de lo que nos permite estar en este maravilloso planeta Tierra.
Tal vez el reto nuestro es el de descubrir todo nuestro potencial y a través de experimentar el límite de nuestras posibilidades realizar la experiencia humana. El libre albedrio con todo y las limitaciones de las reflexiones filosóficas, es un hecho que podemos considerar como parte del regalo de nuestra existencia.
Dicen los Gurús de la India que la vida es un sueño, diríamos en la versión moderna que somos una realidad virtual, atrapados en una simulación informática, una matrix de la cual es muy difícil de escapar. Los antiguos sabios y sus enseñanzas referían que el propósito del ser humano en esta vida era romper esa rueda de los ciclos, el Samsara para despertar a la verdadera realidad a través de la iluminación, el Sahamadi de los espiritualistas del oriente. La conciencia del Ser.
No todos los seres humanos tenemos la fortuna de disfrutar y gozar lo que significa un día más de vida. Ver la luz del amanecer con el sol que emerge de las montañas, una naturaleza que revive en los árboles, en las plantas y se expresa en el vuelo y canto de las aves, que nos causan éxtasis y la gratitud de regocijarnos con un nuevo día. Los adultos mayores somos más sensibles al valor de la vida y recordamos el texto atribuido a José Luis Borges de “Si pudiera volver a vivir”.
Se requiere tener una gran capacidad de asombro para comprender lo que es el milagro de la vida, para apreciarla y amar lo que encierra esta oportunidad de estar cerca de las personas que están unidas a nuestro destino, como padres, madres, hijos, novi@, espos@, familia, y todos con quienes compartimos distintos momentos de experiencias aprendidas y que han marcado los recuerdos, nuestras emociones y necesidades que hay que resolver para garantizar nuestra existencia.
Coexistimos en este espacio y tiempo, pero nuestras maneras de vivir y actuar son tan diferentes, que resulta un milagro el poder entendernos y construir canales de comunicación en esta amplia gama de edades y personas que habitamos este planeta. Cada quien tiene sus intereses, sus experiencias, sus anhelos y satisfacciones, pero todos compartimos este espacio planetario, que hay que preservar y cuidar.
La vida diaria es un reto nada fácil de enfrentar y que nos sumerge en una inercia de actividades que nos hemos acostumbrado a realizar todas las mañanas, desde que abrimos los ojos hasta que llega la noche. Hay que prepararnos para cumplir las obligaciones que tenemos, desde bañarnos, desayunar, tal vez hacer ejercicio antes, trasladarnos a la escuela o al trabajo y así continuar con la agenda de actividades que cada quien tiene que cumplir cada día.
La gran mayoría de personas tiene pocas oportunidades al despertarse, de darse cuenta de lo que significa un día más de vida, con el goce de las libertades que tenemos, de apreciar la riqueza que nos obsequia este planeta llamado Gea, la belleza de la arquitectura y de los lugares hermosos donde vivimos, así como de las personas con las que a diario convivimos y nos regalan su presencia, a veces su amistad y también su amor.
Agradecer el poder disfrutar de todo lo que significa estar en el aquí y ahora, en este regalo de la vida que es un presente es despertar aún más a la conciencia como seres humanos, La autodisciplina consciente y libremente aceptada es una estrategia que nos permite crecer desde el interior de nuestro ser. Amar y cuidar la vida es nuestro compromiso individual y social, a riesgo de que las guerras y las armas nos lleven a la necrofilia del amor y la espiritualidad, y por lo tanto de la vida.

