¿La pandemia… ya terminó?

Rosalinda Cabrera Cruz

Cuando una enfermedad azota al mundo se producen grandes cambios, como lo vimos con la gripe española de 1918, que tardó 3 años en ser erradicada y que dejó nuevos sistemas de salud en todo el planeta. El padecimiento en turno todo lo transforma: la economía, la educación, la percepción y costumbres sociales y hasta los hábitos de higiene, salud y limpieza.

Ya han pasado dos años desde que el COVID-19 fue declarado de manera oficial como pandemia; las cuentas son escalofriantes: 5 millones 580 mil contagios en México, derivado de ellos, 320 mil personas fallecieron. Michoacán no se queda atrás: se reconocen 93 mil 277 contagios a la fecha, con casi 9 mil personas muertas.

Aparentemente todo se encauza a la normalidad; oficialmente se reportan menos enfermos y fallecidos, por lo que la reapertura de actividades (curiosamente) se da por decreto en vísperas de las actividades de Semana Santa; como preámbulo a la semana mayor, los niños y jóvenes, por decreto, ya regresaron a las aulas, la activación económica está a todo lo que da, incluso ya se autorizan aforos al 100 por ciento en Michoacán, olvidando que precisamente esta gran conmemoración litúrgica desató durante los dos años anteriores una letal y fatídica ola de contagios.

La humanidad puede salir adelante y recuperarse, pero para ello, tendrá que estar dispuesta a asimilar nuevos hábitos en todos los sentidos. Actualmente, las familias se están adaptando a la pandemia a costa de dejar de pagar algunas obligaciones, como la luz y el agua, que son servicios básicos. También hacen frente a la situación suprimiendo las comidas diarias esenciales, o reduciendo las porciones.

Por otro lado, se encuentra la incertidumbre de lo que sucederá con la educación, al enfrentarse las familias con modelos educativos para los cuales ni remotamente se encontraban preparados, por lo que hasta es un alivio regresar de manera presencial a las aulas; la mayoría todavía no saben distinguir entre la educación virtual y la educación a distancia, así que sólo han sido acompañantes de sus hijos cuando estos reciben sus clases por procedimientos con los que no están familiarizados.

Y finalmente está la salud mental; aunque el miedo se percibe en todos los ámbitos, hasta para ir a la tienda de la esquina la gente se pregunta si será prudente o no salir con cubrebocas o al subir al transporte público ya se mira con reproche a quienes consideran no están acatando las normas de higiene y salud requeridas. Sin duda, esta pandemia también será conocida como la “pandemia del miedo”.

Una nueva economía

La crisis por COVID-19, a dos años de haberse declarado, está dejando nuevas reglas en las relaciones comerciales, los hábitos de consumo y el peso del Estado frente al mercado; es imposible pensar que esta inimaginable experiencia de mascarillas, distanciamiento social, pérdidas humanas y en general de la cancelación de la vida no traerá consecuencias si es que termina la pandemia o bien si esta llegó para quedarse.

Es pronto para saber exactamente cuáles serán las consecuencias, pues cuanto más dure la crisis, mayor será el daño económico y social. Los analistas pueden tardar años e incluso décadas en explicar todas las implicaciones de lo que se vive estos días.

Lo paradójico o no, es que este virus explota las características de la vida que nosotros mismos nos hemos dado: sobrepoblación, turismo masivo, urbes inmensas, viajes aéreos constantes, cadenas de suministros a miles de kilómetros y una extrema desigualdad en el reparto de la riqueza y en los sistemas de salud públicos.

Probablemente la mayoría de las economías tardarán entre dos y tres años en regresar a los niveles de producción que tenían antes de la epidemia, pero la novedad es que la higiene crecerá como prioridad en las agendas de empresas y gobiernos. Quienes han enfocado su producción para cubrir las necesidades del nuevo entorno se han visto menos afectadas, como la industria farmacéutica y la de enseres de higiene y limpieza.

Por otro lado, mientras las compras online están en su apogeo en todos los ámbitos comerciales, incluido el de alimentos, la compra-venta directa está en la lona porque la gente continúa evitando los centros comerciales por miedo al contagio, así que encarga desde los zapatos hasta la comida haciendo uso de las plataformas que ya se han especializado en este tipo de venta.

La pandemia en algún momento pasará y entonces habrá que pensar por qué calles y ciudades caminaremos, porque la Tierra corre el riesgo de caer en una especie de depresión social producto de este tiempo de distanciamiento. “Un colapso personal que será muy duro con la población más aislada y sola, como los ancianos”, alertan los especialistas.

Por lo pronto ya existe una cacofónica palabra que nos da idea del nuevo orden mundial: el co­cooning, el cual es la tendencia a estar más tiempo en casa, socializar menos fuera y hacer del hogar una fortaleza. Y es en ese panorama que la economía mexicana se ha derrumbado 18.9 por ciento en dos años, su peor caída en la historia según Forbes y el INEGI.

Tal es el panorama que hoy, luego de 24 largos meses, vive el país tras la llegada de una extraña enfermedad que vino a cambiar prácticamente todo.

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